
«Candilejas»
El viejo telón se abre, y un haz de luz se tiende,
sobre el polvo dorado de un escenario quieto.
Ahí la vida palpita, donde el alma se enciende,
bajo el tenue fulgor de un amor incompleto.
El payaso triste, de sonrisa pintada,
baila su pena oculta, su dolor sin final.
La música lo envuelve, una dulce cascada,
mientras su corazón se desangra mortal.
Detrás de la alegría, del gesto que consuela,
hay un alma que llora, una herida que sangra.
La risa es el disfraz que la tristeza vela,
la magia que confunde, la que al público halaga.
Y ella, la bailarina de sueños rotos,
con su andar frágil, su mirada perdida.
Busca en la pista fría, en los ojos ignotos,
la luz que dé sentido a su vida.
Unen sus soledades en un acto divino,
él, la mano que guía; ella, el paso ligero.
Bailan la farsa juntos, por un mismo destino,
bajo el cruel reflejo de un tiempo pasajero.
Las candilejas ciegan, prometen gloria vana,
ocultan las arrugas, el cansancio brutal.
Iluminan el fraude de una ilusión lejana,
la tenue esperanza de un final inmortal.
Mas cuando el telón baja, y el aplauso se apaga,
el brillo se disipa, la farsa se disuelve.
Quedan dos almas solas, la pena que las plaga,
y el eco del recuerdo que al silencio las devuelve.
Así es la vida, un circo de luces y sombras,
donde el alma desnuda se esconde en el disfraz.
Bailamos nuestras penas entre risas y alfombras,
buscando un aplauso que nos traiga la paz.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



