
«Donde el Alma Canta y Vuela»
Hay algo en estos poemas que no se escribe solo con palabras. Vienen de un lugar hondo, donde la voz no se fuerza y el alma no miente. Cada verso que nace en mí es un susurro antiguo, una emoción que me atraviesa y pide salir. No los escribo para el aplauso ni la vitrina, sino para dar cuerpo a lo invisible: a ese amor que no se olvida, a esa luz que aún arde cuando todo parece oscuro.
Cuando los digo en voz alta, algo se alza en el aire. Es como si las palabras echaran alas. Como si cantaran. Como si volaran. En esos instantes, ya no soy yo sola. Me acompaña la niña que fui, la mujer que sueña, la madre, la amante, la amiga de lo simple. Todo lo que he sentido está ahí: el temblor, la esperanza, la ausencia y la entrega.
Escuchar estos poemas es como asomarse a mi pecho sin miedo. No son perfectos, pero son míos. Están vivos. Y si tocan tu corazón, aunque sea un poco, entonces ya tienen sentido. Porque cantar, volar y compartir… es todo lo que mi alma desea.



