
«El peso de las lágrimas»
A ver, es que cuando la vida te mete una zancadilla de esas que te dejan sin aliento, lo primero que se te rompe por dentro es la capacidad de confiar. Te da por mirar de reojo cualquier mano extendida que se te cruza en este caluroso julio de 2026, desconfiando por sistema de esas promesas baratas de amor que la gente suelta sin pestañear. Siento que el escepticismo no es una elección; es una costra necesaria que te sale cuando te han dañado de verdad.
He notado que en los días más absurdos, cuando la rutina avanza de manera insensata y pesada, la única forma de no volverse loco es clavar la mirada al frente, sin distraerse con los lados. Te pones a contabilizar las horas del reloj con una disciplina militar, simplemente para tapar el ruido de los recuerdos que te queman la cabeza. Y ahí te quedas, en una soledad absoluta, sin más compañía que el eco sordo de tus propias ideas rebotando en las paredes.
Me parece que la gente le tiene un miedo terrible al llanto, pero las lágrimas son lo único que realmente calma el espíritu y limpia el alma en canal. La tristeza no se cura con parches rápidos; solo se acomoda cuando dejas de intentar olvidar el tiempo vivido y aceptas la herida con su nombre rudo. Al final, no te queda otra alternativa real que cargar con tu propia cruz y continuar con ella a cuestas, cuesta arriba y con el trazo firme de la resistencia.
Natuka Navarro – Luna Poetiza
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