
«El Secreto Desvelado»
Vivimos habitados por lo que callamos,
por lo que reprimimos bajo el peso
de lo que rechazamos sentir.
A veces, en ese afán de buscar un refugio,
nos volvemos expertos
en el arte de la apariencia;
pero otras veces,
el cansancio nos vence
y, ante la persona equivocada,
dejamos que el alma se desborde sin filtro.
Es entonces cuando ocurre el quiebre:
al ver nuestro misterio reducido
a palabras ajenas
en boca de quien solo buscaba
el morbo del cotilleo.
Entonces miras lo que le has contado
y, ¡caray de la China!,
te das cuenta de que ya no voy
a desarmar mi alma
por una persona que no quiere nada de mí,
más que cotillear.
El silencio,
a partir de ahora,
será el guardián de mi esencia.
En el silencio del alma se anidaba
aquel misterio que guardé celosa,
la queja muda que jamás brotaba,
la espina oculta bajo el manto de rosa.
Mas ¡ay!, que el pecho en su inocencia vana,
buscando amparo en la presencia ajena,
abrió las puertas de su oculta ramera
y desató el caudal de su onda plena.
Ya no desarmo mi alma en cualquier puerto,
ni entrego al viento lo que fue sagrado,
porque el secreto que dejé descubierto
acabó siendo por extraños comentado.
Ya no desarmo mi alma por quien mira
solo el reflejo y nunca el corazón,
será el silencio quien guarde mi vida,
será mi esencia su propia protección.
Frente a unos ojos que juzgué sinceros,
puse mi esencia, mis temores vanos,
los sentimientos puros y primeros
entregué sueltos en extrañas manos.
¿Y qué cosecho de mi afán cuitado?
La burla fría del que solo espía,
el eco estéril de lo que he contado,
convertido en liviana altanería.
Ya no desarmo mi alma en cualquier puerto,
ni entrego al viento lo que fue sagrado,
porque el secreto que dejé descubierto
acabó siendo por extraños comentado.
Ya no desarmo mi alma por quien mira
solo el reflejo y nunca el corazón,
será el silencio quien guarde mi vida,
será mi esencia su propia protección.
No más el alma desarmada y presa
se ha de mostrar ante el curioso herido;
vuelve el secreto a su prisión de bruma,
vuelve el orgullo a reclamar su nido.
Que no merece el charlatán la joya
de la palabra que del alma brota;
se cierra el pecho, se levanta el muro,
y la imprudencia queda ya rota.
Ya no desarmo mi alma en cualquier puerto,
ni entrego al viento lo que fue sagrado,
porque el secreto que dejé descubierto
acabó siendo por extraños comentado.
El silencio será mi fiel centinela,
la voz discreta de mi identidad,
y aquello que mi corazón revela
reposará en su propia intimidad.
El silencio,
a partir de ahora,
será el guardián de mi esencia.
Y en la calma de mi pecho
quedará custodiado
todo aquello que merece
ser amado y respetado.
Natuka Navarro – Luna Poetiza
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