La nieve, suave manto que cubre el suelo

La nieve, suave manto que cubre el suelo

La nieve, suave manto que cubre el suelo,
blanca pureza sobre el paisaje dormido,
cada copo, un susurro en su desvelo,
un silencio que guarda un frío latido.

En el frío abrazo del invierno danzar,
cristales danzantes en el aire flotar,
cubriendo el mundo, un blanco palpitar,
paz y quietud en cada rincón encontrar.

La nieve, un lienzo donde los sueños juegan,
pisadas son huellas en su suave manto,
cada paso escribe historias que se alejan,
entre el frío del invierno, un cálido encanto.

Es la nieve un regalo del cielo caído,
un manto que viste la tierra con esplendor,
cada copo, un verso en un poema tejido,
blanca melodía que acalla el clamor.

En el paisaje blanco, en la calma quebrada,
la nieve es un símbolo, un suspiro fugaz,
es la belleza efímera, la vida congelada,
un silencio que guarda un secreto tenaz.

La belleza efímera de la nieve

Cuando las aguas sumergen en su claro fervor,
bajo la superficie, un mundo por descubrir,
secretos ocultos en su etéreo fulgor,
un universo líquido, un misterio por vivir.

En el lecho del río, en la profundidad del mar,
donde las corrientes dibujan su canción,
vida bulle en cada ola, en cada sonar,
un ecosistema vivo, en constante evolución.

En la serenidad del lago o la furia del torrente,
agua que acaricia, que modela la tierra,
cada gota un viaje, un ciclo persistente,
en su danza constante, una historia se encierra.

El invierno, una sinfonía de colores

Brota el susurro del viento, melodía callada,
Silencio pintado en la nieve, quietud dibujada,
Un eco de serenidad, en la escena plasmada.

Entre montañas vestidas de blanco, pura armonía,
El cielo se abraza a la tierra, en perfecta sinfonía,
Y en cada copo de nieve, la naturaleza anuncia el día.

En el paisaje blanco, la paz encuentra morada,
Donde el tiempo se detiene, en pausa prolongada,
Y el alma se llena de serenidad, en esta estampa grabada.

El misterio del mundo acuático

Las aguas guardan historias, silencios y murmullos,
un espejo del cielo, un reflejo del sol,
en su fluir continuo, encuentran sus arrullos,
y en su calma o bravura, muestran su faro.

Sumergirse en sus aguas es encontrar la paz,
un abrazo líquido que envuelve el ser,
en el claro fervor, en cada arroyo, en cada faz,
las aguas nos susurran: «siéntete renacer».

Sobre el manto blanco, su risa se despliega,
Chicos veloces, risueños, la nieve su entrega.
Sus pasos, danzarines, desafían la gravedad,
Entre juegos y risas, desean la eternidad.

La vida en las profundidades del océano

La nieve, su lienzo, su escenario juguetón,
Corren, saltan, deslizan con ágil devoción.
El viento es su cómplice, testigo de su alborozo,
Riendo con el eco de su inocente gozo.

Caen y se levantan con risas de emoción,
Sus manos tocan el frío, ¡qué pura sensación!
En cada desliz, en cada carrera audaz,
Desafían la nieve, ¡oh, valentía en paz!

Que la caída sea solo un breve instante,
Pues el deseo es claro, persistente, constante:
Correr entre la nieve, sin temor a tropezar,
Viviendo el ahora, sin dejar de soñar.

Brota el susurro del viento

Bajo el frío que siente mis manos,
se esconde el misterio de nuevos planos.
Entre los copos que danzan en el aire,
se teje un relato, un sutil ensamble.

El viento susurra secretos helados,
historias antiguas en susurros guardados.
Mis dedos buscan calor en su danza fría,
entre la neblina que al alma inicia.

En el gélido abrazo, un instante se cuela,
la calidez ausente que el frío desvela.
Pero en esta helada sinfonía persiste,
la belleza pura que el invierno insiste.

El frío, testigo, que agita las manos,
esconde el encanto de blancos arcanos.
En su abrazo, la vida encuentra su esencia,
un manto de hielo que oculta la esencia.

Los árboles se visten con copos de nieve,
ornamentos blancos que el invierno relieve.
Sus ramas se cubren con sutiles capas,
como pinceladas en obras de mil capas.

El frío adorna cada rama y hoja,
con delicadeza que el viento arroja.
La nieve se posa, un manto bordado,
un sueño de invierno, un arte enmascarado.

Cada rincón del árbol, una joya fría,
la naturaleza en su danza tardía.
Los copos, como diamantes, brillan serenos,
en esta escena que crea nuevos terrenos.

Y así, el bosque se viste de gala blanca,
los árboles, con elegancia franca,
acogen los copos como abrazos celestes,
en un espectáculo donde todo reviste este.

Es el invierno, el artista callado,
que en cada árbol deja un mundo encantado.
Los arboles, su lienzo, su manto y su suerte,
un cuadro perfecto, un eterno concierto inerte.

La esperanza del futuro

Los años fluyen como río constante,
y pronto, el 2024 nos muestra adelante.
Cada día que pasa es un nuevo sendero,
una página en blanco, un verso sincero.

El tiempo, testigo de sueños y afanes,
nos lleva a través de sus eternos planes.
En cada giro del reloj, una lección,
un capítulo más en esta gran lección.

El 2024 asoma, ¡qué pronto llega!,
con promesas nuevas, la vida se allega.
En sus días guardamos la esperanza viva,
en cada aurora, una oportunidad activa.

Nuevos momentos están por nacer,
mil historias por vivir, por conocer.
Que el 2024 sea un lienzo brillante,
donde el amor y la paz sean constante.

Con cada vuelta al sol, una oportunidad,
de crecer, de amar, en esta realidad.
Que en el vaivén del tiempo, en cada albor,
el 2024 sea un año de pleno fervor.

«Le deseo un feliz año 2024, lleno de salud, felicidad y éxitos»

©Natuka Navarro

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