
«Mujer y viento»
El cuerpo deja ya de ser materia,
para volverse viento y estación;
la hoja te elige y con furia incierta
asciende en lenta y fiel consagración.
No viste al tiempo con sus propias manos,
es la hoja misma la que sube y danza,
rompiendo límites, lazos lejanos,
vestida de oro, de fuego y esperanza.
Los brazos suben buscando el vacío,
no para pedir, sino para soltar,
desafiando al viento, cruzando el frío,
mientras la espalda se empieza a arquear.
La boca abierta recibe la brisa,
los ojos cierran mirando hacia dentro,
y se dibuja una extraña sonrisa
de hallar la paz en el mismo centro.
Las aves blancas en alta rueda
giran testigos de esta hermosura,
donde ninguna pena ya queda
y el alma encuentra su propia altura.
El verde resiste, el rojo sangra,
la hoja se desprende buscando el cielo,
y mientras el alma de danza consagra,
se rompen hilos de viejo duelo.
Soltar no es pérdida, es la fortuna
de ver la forma del viejo ser,
bailando al son de la misma luna
para aprender por fin a volar y a ser.
El fondo es humo, silencio y bruma,
no hay más paisaje que esta entrega pura,
mientras el tiempo la espuma agrupa
en el umbral de la gran locura.
Ya no hay temor en la piel desnuda,
ni pesa el fardo del ayer remoto;
en esta danza que rompe toda duda,
el viejo esquema por fin se ha roto.
Pues convertirse en lo que se marcha
es la manera de pervivir,
mientras la hoja libre se ensancha
y el propio cuerpo comienza a latir.
Entre la tierra que ya no toca
y el ave blanca que cruza el monte,
el viento suave la piel provoca
y abre el misterio de otro horizonte.
Y así en el centro del gran torbellino,
sólida y frágil, humana y otra cosa,
sigue su curso por su destino,
eterna, libre, feroz, hermosa.
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Código de registro: 2610097281671 mm



