Tríptico de Sonetos Inspirados

Tríptico de Sonetos Inspirados

«A veces queremos compartir nuestras letras para ayudar a quien lo necesita, mostramos nuestras palabras y versamos con nuestro mejor deseo. Es cierto que lo mejor es ser sincero con nuestros amigos, pero ¿Qué es sinceridad? ¿Callarse cuando no estás de acuerdo?

Llevo unos días sumergida en meditación profunda. Es cierto que me gustaría decir tantas cosas a los poetas que conozco, pero hay una voz que me dice «calla y no te metas en problemas», y aquí, en esta página, que me recuerda que soy la creadora y puedo decir lo que me gustaría, ya que nadie comenta, y si lo hacen, es para enojarse y decirme cosas groseras.

Conocí a una persona que me dijo: «tienes que hacer cosas polémicas para que los poetas quieran leerte». Lo controvertido atrae a mucha gente, pero hay veces que yo me desahogo escribiendo, como lo estoy haciendo ahora, pues dice que al externalizar lo que te pasa, se te olvida.

¿Y qué es lo que me está pasando? Pues sencillamente no lo sé. Me gustaría hablar del mundo en general y no exclusivamente de mí misma. ¿Quién se conoce mejor que uno mismo?

Me sentí vacía cuando compartí tantos versos. ¿Y qué querían que hiciera? Pues sencillamente no sé qué contestar. Pero me desilusionaron los hechos que sucedieron después. Me dije «no te preocupes, solo escribe y comenta, eso es lo que mejor haces». Pero eso no era justo para mí.

Lo que tenía que hacer era leer a Epicteto y ver qué hubiera hecho él en esta situación. Eso me introduciría en lo más profundo de mi corazón.»

La serenidad halla su morada,
En el alma que en la virtud reposa,
libre de ataduras, la vida goza,
sin aferrarse a la ilusión preciada.

Con sabia calma, la mente educada,
domina el juicio, la razón airosa,
cada escollo su fortaleza brosa,
sin que la duda su paz desbarate.

Dicha reside en lo que controlamos,
Y no en lo efímero, ni en lo que es vano,
sino en el ser que halla en sí su encanto.

Así, Epicteto nos deja el legado,
que en la virtud está el bien más loado,
el libre albedrío, el supremo mando.
***

La serenidad halla su morada,
En el alma que en la virtud reposa,
libre de ataduras, la vida goza,
sin aferrarse a la ilusión preciada.

Con sabia calma, la mente educada,
domina el juicio, la razón airosa,
en cada escollo su fortaleza brosa,
sin que la duda su paz desbarate.

La dicha reside en lo que controlamos,
no en lo efímero, ni en lo que es vano,
sino en el ser que halla en sí su encanto.

Así, Epicteto nos deja el legado,
que en la virtud está el bien más loado,
el libre albedrío, el supremo mando.
***
Siempre amigos, sueño desvanecido,
jamás amantes, ruta ya cerrada.
¡será eso lo que esperabas, alzada,
de propuesta absurda, no habrá bandido!

¡Nunca se otorgado eterno fugaz,
por esa amistad que forzar pretendes!
¡Un juego absurdo, por iluso quieres
cambiar el rumbo que ya no es capaz!

¡Hoy propones lo que fue descartado,
un tiempo atrás, ya cayó en el olvido!
Jamás amigos, amantes ya extintos,

No es más que un eco lo que has intentado,
en sueños rotos, sentimientos idos,
de tu propuesta vuelve… ¡y yo resisto!
****
La senda de la pura amistad, firme,
caminamos sin velos ni desvíos,
lazos fuertes, afectos como ríos,
unidos siempre, en cada paso, firme.

Aunque el tiempo avance y el sol se adentre,
nuestra unión perdura, sólida y clara,
sin cambiar la esencia que nos ampara,
en el camino de la fe constante.

No es amor, mas lazos nos atan fuerte,
compañeros somos en toda suerte,
guardianes de secretos y verdades.

En este sendero, firme y sin vuelta,
Y nuestra amistad, eterna y resuelta,
persiste siempre, en eternas edades.
***
©Natuka Navarro

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