
«Una mujer normal… más o menos»
Hola, soy mujer. Y estoy cansada.
Pero no cansada de «ay qué sueño tengo». No. Cansada de pensar todo el tiempo. Porque la cabeza de una mujer no se apaga nunca. Es como un microondas roto: siempre está hummmm, funcionando sin parar.
Me levanto por la mañana, y ya estoy pensando:
—¿Qué me pongo?
—¿Esto me queda bien o parezco una lámpara vintage?
—¿Qué tengo hoy?
—¿A qué hora tengo que fingir que todo está bajo control?
Voy a la cocina y veo el microondas:
—¿Qué comemos? ¿Qué no engorda? ¿Qué tengo que tirar antes de que camine solo?
Y claro, como no hay pan, desayuno con culpa, porque el pan “ya no se puede” pero el alma lo pide.
Después viene el espejo. Ay, el espejo… ese juez sin toga.
Una se mira y no ve una mujer, ve un proyecto de restauración.
—«Esto lo bajo, esto lo disimulo, esto lo estiro, esto lo escondo…»
Y si por casualidad un día me veo bien, me asusto.
—¿Estoy bien o tengo fiebre?
Y entonces salgo a la calle. Y empieza la aventura. Porque ser mujer en la calle es como jugar a un videojuego:
—Nivel 1: caminar sin tropezar.
—Nivel 2: evitar comentarios de gente que se cree graciosa.
—Nivel 3: responder con elegancia y sin ir presa.
Y ni hablar del trabajo. En la oficina me preguntan:
—¿Tú cómo haces para estar siempre tan entera?
Y yo pienso: «Amiga, estoy entera por fuera. Por dentro tengo un comité de crisis reunido desde las 7 de la mañana»
Después vuelvo a casa. Y ahí la casa no descansa. La casa te dice:
—Faltan cosas.
—Se acumulan platos.
—Hay ropa que planchar.
—Hay expectativas que cumplir.
Y sí… también soy madre. O hija. O pareja. O todo junto.
Porque como mujer, a veces no sé si soy persona o servicio técnico de emociones.
Pero aquí estoy.
Con la cabeza llena de listas, el corazón lleno de afecto y el alma pidiendo vacaciones.
Y aún así, sonrío.
Porque sí, soy mujer. Y aunque la cabeza no da más…
¡El alma todavía tiene chispa para rato!
Natuka Navarro,
Luna Poetiza



