
«El Eco del Tiempo Olvidado»
En la cumbre marchita de un monte dormido,
donde el viento susurra secretos de hiel,
se levanta el castillo que el tiempo ha vencido,
un coloso de piedra, de sombras y piel.
Nadie cruza sus puertas de roble agrietado,
nadie pisa el orgullo de su alto umbral,
es un cofre de olvido en la niebla encallado,
un titán olvidado, fantasma inmortal.
¿Qué guardaba en sus entrañas de roca y de frío?
¿Qué misterios latían en su soledad?
Un silencio profundo, un eterno vacío,
y el latido fantasma de otra edad.
Los tesoros de la penumbra
Salones de espectros y polvo plateado:
Donde el aire es tan denso que ignora la luz,
el tapiz de los siglos se encuentra colgado,
dibujando en la sombra una lúgubre cruz.
Gobernaban arañas con hilos de plata,
revestían las vigas de un fino capuz,
mientras danza en el suelo la humilde hojarasca
y el recuerdo se apaga como un viejouz.
Armaduras vacías, guardianes de nada:
En los largos pasillos, en fila y en pie,
custodiando una gloria que fue sepultada,
sin un alma que sientan, sin ojos que ver.
Sosteniendo las lanzas que el moho ha oxidado,
testigos de piedra de un tiempo febril,
esperando el regreso del rey coronado
en la noche infinita de un triste marfil.
Espejos oscuros de reflejo herido:
Que olvidaron la imagen de la juventud,
sólo muestran la sombra de lo que se ha ido,
atrapando el invierno en su honda quietud.
Si una vez reflejaron los ojos de un niño,
o el andar elegante de alguna deidad,
hoy sólo duplica su propio corpiño:
el cristal agrietado de la soledad.
El secreto de la torre alta
En la torre más alta, tocando los cielos,
donde el nido del águila es ley y es altar,
se ocultaba un libro cubierto de velos,
con las páginas mudas de tanto esperar.
Letras de oro que el polvo ha querido borrar,
las leyendas de un reino que nadie escribió,
el cantar de una musa que no ha de volver,
el suspiro de un alma que el mundo olvidó.
Y en el patio de armas, la hiedra trepadora
va tejiendo su manto de verde desdén,
reclamando la gloria que el hombre hoy ignora,
convirtiendo las ruinas en su propio edén.
No hacen falta visitas, ni aplauso, ni nombres,
para el viejo castillo que duerme en el viento,
pues sus muros presencian la envidia de los hombres
y su piedra es la cuna del mismísimo cuento.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza
«El Mito Que Habita en Mí»
Código de registro: 2606065985009



