
«El Jardín De Clara»
Clara solía vivir en un torbellino. Su vida era una constante batalla, un grito ahogado por ser escuchada, una lucha contra la ansiedad que las curvas inesperadas del camino le provocaban. Su cuerpo, tenso y a menudo magullado por las caídas, reflejaba la dureza de sus días. Sus ojos, antes morados como los de una cotorra herida por tanto forcejeo, apenas veían la luz. Dormía por puro agotamiento, una modorra que no reponía nada.
Pero eso era antes.
Ahora, al frente de su casa, no hay protestas ni gritos. Solo hay árboles que tiemblan suave con el viento, susurrando secretos antiguos. No se oyen sirenas que anuncien peligro ni golpes que rompan la paz, sino el canto de un ave que, puntualmente, llega cada mañana a posarse en el alambre del jardín. Clara no la espanta. La escucha.
Ella ya no necesita salir a pelear por ser oída. La escuchan. Su voz, antes ronca por tanto clamar, ahora fluye con la serenidad de un arroyo. Ni se esconde ni se calla: conversa. Sus palabras son hilos de seda que tejen puentes, no muros.
La calle, esa misma que antes la encerraba en su rutina y sus miedos, ahora la invita. Cada curva, cada giro inesperado, ya no altera su ansiedad. Al contrario, le recuerdan que todo es movimiento, que todo es forma y fondo, y que no hay una sola manera de mirar el mundo. La vida es un baile, no una trampa.
Ya no se hunde en modorra ni duerme por cansancio, sino por descanso. Su cuerpo no es golpeado por la vida; es abrazado por la calma. Su ojo no está morado como cotorra herida, sino vivo, despierto, claro, observando la belleza en lo simple.
No protesta por lo que falta, por los vacíos que antes la consumían. Ahora, agradece lo que brota: la flor inesperada, el sol en la ventana, la melodía del ave.
Ya no grita bajo el humo de viejas batallas, ni solo suspira al rocío de una esperanza lejana. Ahora respira con el día, acompasada al ritmo de la naturaleza. Ahora camina libre, con la certeza de que la verdadera paz no se encuentra en la ausencia de tormentas, sino en la capacidad de bailar bajo la lluvia.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



