
«El Poema del Pequeño Hueso»
El suelo era un lienzo de gris cemento,
mis pasos, la prisa de un raudo intento
por llegar a un destino sin más tardanza,
con el alma en la mira y la esperanza.
Pero el universo, con su raro humor,
puso en mi camino un pequeño error,
un diminuto hueso, un corazón duro,
de una aceituna negra, de un sabor oscuro.
No vi su presencia, no sentí su aviso,
apenas un leve, un sutil, un sumiso
punto en el asfalto, un punto de paz
que de pronto se volvió una trampa voraz.
El pie izquierdo avanza, confiado y veloz,
y mi cuerpo entero, siguiendo su voz,
se inclina en el aire, se vuelve un trapecio,
en un vuelo torpe, un cruel desperdicio.
El tiempo se estira, se vuelve gelatina,
mi mente repasa la absurda rutina
de aquel huesecillo, de aquella semilla,
que detuvo mi andar en una sola orilla.
Las manos se elevan, los brazos se agitan,
la ley de la física se burla, me invitan
a un baile de caídas, a un ballet sin gracia,
a un solo de viento, sin más pertinacia.
El rostro se acerca al áspero suelo,
la gravedad canta con su triste anhelo.
Las rodillas se doblan, la palma se extiende,
y el hueso, triunfante, mi caída defiende.
El mundo se detiene, se vuelve una foto,
de un tropezón épico, de un gesto ignoto.
El dolor es un eco, un breve suspiro,
la tierra me abraza, es mi único asilo.
Y ahí, en el suelo, con el alma dolida,
me doy cuenta de cuán frágil es la vida.
Que un simple huesito de aceituna negra
puede ser la fuerza que a uno lo integra
a la realidad, al aquí y al ahora,
a la gran comedia que el destino decora.
Y el público ríe, o tal vez no lo ve,
pero yo lo siento, lo vivo, y lo sé.
Me levanto despacio, sacudo la ropa,
con una lección que mi alma topa.
No es la magnitud del obstáculo el mal,
sino el descuido, el acto fatal.
Un hueso pequeño, una gran lección,
un tropezón que me trajo esta canción.
Y ahora camino, con un paso más lento,
recordando el hueso, y el triste lamento.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



