
«El Rincón de Cenicienta» Un Diario de Sueños y Traiciones
Érase una vez, en el vasto reino de Internet, vivía una joven con un alma llena de historias y pensamientos. Desde pequeña, a la tierna edad de diez años, ya plasmaba en cuadernos sus sentir, incluso cuando no estaba de acuerdo con su padre, lo escribía todo, sin que nadie más lo supiera. Su vida, sus amores, el nacimiento de su hijo, todo quedaba registrado en sus páginas secretas.
Un día, la vida le presentó un desafío. Las palabras hirientes de la familia de su marido, que insinuaban que vivía a costa del sudor ajeno, la impulsaron a buscar un refugio para su voz. Fue entonces cuando, como Cenicienta buscando su hada madrina, descubrió el mundo de los blogs. Abrió uno, sencillo al principio, hecho con páginas HTML, pero ella, con su ingenio y creatividad, le dio una nueva forma, decorándolo con imágenes que amaba, a su manera.
En este nuevo espacio, dos blogueras, como las hermanastras de Cenicienta, se acercaron a ella. Comentaban sus publicaciones, y ella las suyas. Admiradas por su blog, le preguntaron cómo lo había hecho. Con generosidad, les compartió su código HTML, diciéndoles: «Es muy sencillo». Ellas, a cambio, le ofrecieron «regalos»: sus conexiones y una invitación a su recién estrenada página como administradora general. Cenicienta, aunque sentía que tantos galardones eran excesivos, aceptó con la inocencia de quien solo busca compartir.
Así, Cenicienta siguió volcando sus pensamientos, que, aunque no eran poemas, eran pedazos de su vida. Su esposo, su príncipe, le decía: «Tienes arte para la poesía, si quieres puedes hacer sonetos, décimas y lo que te dé la gana». Su talento la llevó lejos. Con tantos miembros invitados a su red, le pidieron que creara la suya propia. Y así lo hizo, con el mismo nombre que una de las blogueras, pero añadiendo un «2».
Pero la hermana envidiosa, la bloguera, no tardó en reaccionar. Un correo llegó, lleno de ira: «¡Has copiado mi nombre, así que te echo!». Cenicienta, herida pero resiliente, le dio a su creación una nueva prolongación, un nombre que resonaba con su espíritu viajero: «El rincón del caminante». Invitó a todos sus conocidos de las otras redes, y en pocos días, su nuevo hogar digital floreció con 2000 miembros, con ella como creadora y administradora.
Las dos blogueras, las hermanastras, también se unieron a su nueva red. Cenicienta, siempre dispuesta a servir, recibió una invitación de una de ellas para unirse a un nuevo grupo. Aceptó, y con su corazón abierto, invitó a muchas personas. Pero su bondad, a veces, la hacía ingenua. Le ofreció a la bloguera ser administradora, y esta, por supuesto, aceptó.
Justo antes de irse de vacaciones, mientras guardaba la comida de la semana, Cenicienta recibió una noticia desoladora: su padre estaba en el hospital. Tuvo que regresar de inmediato. Al volver a casa, encontró un correo que no estaba destinado a ella, una confusión que le reveló la verdadera naturaleza de una de sus «hermanas». En el correo, la bloguera le comentaba a su propia hermana: «Menos mal que solo nos podemos hablar tú y yo, ya ves qué tonta es, te ha puesto de administradora, puedes coger todas las amigas y decir que es malísima y cosas parecidas».
Con el corazón roto, Cenicienta fue a la página y, con dignidad, la quitó de administradora, diciendo: «Mira, como tienes mucho trabajo con tu página, te quito de ser administradora». La página de la hermanastra fracasó, pero Cenicienta, la verdadera Cenicienta de esta historia, siguió compartiendo sus pensamientos, su arte, su vida, con la sabiduría de quien ha aprendido a discernir entre la amistad sincera y la envidia disfrazada.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



