
«El Yugo De La Tinta»
Son las dos de la tarde y no doy tregua,
la pasión me golpea sin medida,
corriendo por mi mente legua a legua,
dejando mi palabra malherida.
Escribo noche y día en un delirio,
las letras se amontonan en la frente,
lo que es un gran amor se vuelve un lirio
que brota por mi almohada, tan paciente.
Mi mente hace poemas sin descanso,
de madrugada, a oscuras, si estoy muerta,
buscando en el dormir un agua en manso,
mas tengo la conciencia siempre abierta.
Me quedo tan cansada que no tengo
palabras que desvelen mi agonía;
del centro de un volcán parece vengo,
atada a este timón de poesía.
Querría que las letras descansaran,
que me dejaran libre en el empeño,
y que al cerrar los ojos se callaran,
sin verse entrometidas en mi sueño.
Al levantarme, busco mi diario
y empiezo otra batalla con la hoja;
ser fiel a este sagrado campanario
es una gorda cruz que me despoja.
Qué oficio tan esclavo es ser poeta,
de día y de noche en el abismo,
remando en la tormenta más secreta,
muriendo y renaciendo en uno mismo.
Natuka Navarro – Luna Poetiza
Código de registro: 2607096331575
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Fuerte, pero bellamente escrito.
tiene la grandeza de la sencillez,
Excelente
poesía de lo propio y dejas
tus versos a la posteridad,
La tinta en este papel es
la tinta última
Hermosas letras, una filosofía de vida.
.
.
Es un verdadero privilegio honrar y felicitar
A: Natuka Navarro Navarro
Gracias por compartirlo.-
Rafael.-
Querido doctor Rafael, qué honor tan grande me hace con sus palabras. He notado que usted ha calado hasta el fondo el verdadero peso de mi poema «El Yugo De La Tinta». Siento que dio en el clavo al llamarlo una filosofía de vida, porque para mí la poesía no es un pasatiempo de domingos por la tarde; es un oficio esclavo que me arrastra al abismo a cualquier hora, ya sean las dos de la tarde o las cuatro de la madrugada con la casa a oscuras.
Me parece un privilegio enorme contar con su lectura tan atenta y respetuosa. Cuando usted habla de la «tinta última» y de dejar los versos para la posteridad, me conmueve profundamente, porque a veces esta batalla diaria contra la hoja en blanco se vuelve una cruz muy gorda y solitaria. Saber que al otro lado hay alguien que entiende ese delirio y esa necesidad de remar en la tormenta me alivia el pecho. Muchas gracias por acompañar mis letras, querido Rafael, y por hacerme ver que no estoy sola en este largo y constante palpitar.
Natuka Navarro – Luna Poetiza