
La Fiesta del «Paso a Paso»
En un pequeño pueblo donde la alegría se medía en risas y la energía en pasos, vivía una tradición muy especial: La Fiesta del «Paso a Paso». No era un baile común; era una celebración de la vida, del movimiento, y de cómo cada pequeño esfuerzo nos lleva un poco más lejos.
La abuela Pura, con sus ochenta y tantos años y una chispa inagotable en los ojos, era la maestra de ceremonias. «¡Primero!», gritaba con voz potente, y todos daban un paso al primero, una zancada con decisión. Las piernas, al principio un poco tímidas, comenzaban a sentir el ritmo.
«¡Segundo!», exclamaba, y el pueblo entero daba un paso al segundo. Era un movimiento suave, casi un deslizamiento, como si el suelo mismo los invitara a seguir. Las sonrisas empezaban a florecer, contagiándose de uno a otro.
«¡Tercero!», resonaba la voz de la abuela, y con cada paso al tercero, la gente se soltaba un poco más. Las caderas empezaban a balancearse sin control, como si tuvieran vida propia. «¡Así sin parar!», animaba la abuela Pura, y era verdad; una vez que empezabas, era difícil detenerse.
Las piernas, que al principio podían sentirse un poco pesadas, ahora se movían con una ligereza sorprendente. Era como un «alegre despertar» de cada músculo, una energía que nacía del simple acto de mover el cuerpo. Y lo más curioso de este baile era que se bailaba «sin mover las orejas», es decir, sin preocuparse por lo que pensaran los demás, solo disfrutando el momento.
De repente, alguien en la multitud, contagiado por la euforia, empezó a «mover el culo para detrás», un movimiento divertido y desinhibido que hizo reír a todos. La abuela Pura, siempre lista para añadir un toque de humor, añadió: «¡Y la tripa vas a mover como si la tripa tuviera vida propia!». Y así, la gente empezó a hacer ondular su vientre, liberando tensiones y carcajadas.
El baile se convirtió en una explosión de movimientos, algunos descoordinados, otros sorprendentemente fluidos. «¡El culo pa’ atrás y el culo pa’ alante!», gritaba un joven entusiasta, y la gente lo seguía, moviéndose con una libertad que solo la alegría del baile puede traer.
Todos se miraban «sin querer», y en esas miradas, había una complicidad, un entendimiento de que estaban compartiendo algo especial. Era una forma de moverse, de reír, de sentirse vivos. Y aunque nadie pensaba en ello conscientemente, después de cada Fiesta del «Paso a Paso», todos se sentían un poco más ligeros, no solo de cuerpo, sino también de espíritu.
Así que, ¿te animas a dar el primer paso y unirte a la Fiesta del «Paso a Paso»? ¡Quién sabe, quizás descubras que mover el cuerpo es la mejor manera de liberar la alegría que llevamos dentro!
Soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



