
«La Invitación Tardía»
Las horas se desplazan, el calendario avanza,
y en la agenda marcada, mi nombre no se ve.
De pronto, un hueco surge, cual grieta que se lanza,
y llega la llamada, ¿por qué? ¿por qué y para qué?
No es el dulce eco de un recuerdo que florece,
ni el anhelo sincero de compartir el sol.
Es el frío vacío que a otro no apetece,
el espacio que sobra, el consuelo menor.
Me dices: «Ven ahora, que el plan ha cambiado»,
mas siento que mi alma ya no se siente igual.
Si el valor que me ofreces fuera más arraigado,
la voz me habría buscado en el tiempo ideal.
No aceptes, corazón, la migaja que ofrecen,
el descarte apurado, la opción de última hora.
Que tu brillo no sea parche que se enderecen,
cuando el sol se ha ocultado y la luz no demora.
Que no te conformes con ser el comodín,
la pieza que encaja si otra se ha perdido.
Tu esencia es un tesoro, un valor sin fin,
un lienzo esperando el color merecido.
La verdadera estima no busca el sustituto,
no espera que el rechazo del otro dé un lugar.
Se anticipa con gozo, con un amor absoluto,
con ganas de tu risa, de tu forma de amar.
Así que escucha bien la voz que te susurra,
esa intuición que grita, con calma y con fervor:
Tu tiempo es oro puro, tu presencia no es burda,
no la dejes en manos de un cariño sin valor.
Que se abran las ventanas donde el aire es sincero,
que florezcan los lazos tejidos con verdad.
Y la invitación que llegue, que sea un «te quiero»,
no el eco desolado de una casualidad.
Que tu asiento en la mesa sea el primero en llenarse,
no el último resquicio que alguien dejó al marchar.
Tu luz tiene un destino, déjala manifestarse,
sin ser el comodín, sin tener que esperar.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



