
«La Canción Del Roble Yermo»
El eco de un ladrido: Mis huellas de amor
Por un río, un día, la vida me llamó,
un bulto pequeño, en la orilla se ancló.
Sultán, mi primero, apenas si un soplo,
salvado de la bolsa, mi corazón se hizo templo.
Crecimos unidos, años de fiel amistad,
hasta que el silencio llenó su inmensidad.
Después vino Dama, en Madrid la encontré,
en un tresillo viejo, el destino la puso a mi pie.
Era cruce, preñada, no sé de qué amor,
pero el milagro de vida trajo luz a mi dolor.
Nacieron cachorros, me quedé con la más chiquita,
Mara, la que acompañó mi alma de madre bendita.
Diecisiete años, a mi lado, la sombra y el sol,
cuando Dama partió, Mara fue mi consuelo y mi voz.
Juraba que el alma no sufriría más,
que el adiós de un perrito no volvería jamás.
Mas el destino, una fuerza que no entiende de «no»,
en un contenedor de Toledo, mi camino me llevó.
Allí, Cora, flaquita, apenas si un temblor,
la tomé entre mis brazos, la llevé a salvo del horror.
La nutrimos, la amamos, le dimos un hogar,
y hoy casi cumple nueve, mi dulce, mi fiel guardar.
Y así, cada vez que la puerta de casa se abre,
siento un llamado, un destino que mi alma descubre.
Una voz sin palabras, un latido que me grita,
que hay un ser esperando, una vida infinita.
Mis pasos se guían por ese eco del ladrido,
porque siempre, en la calle, hay alguien que me ha elegido.
Y aunque el adiós duela, y la pena me muerda,
mi corazón de humano, su amor siempre recuerda.
soñar desde adentro y renacer día a día.
(Escribo Para Que El Silencio No Duela.)
Natuka Navarro – Luna Poetiza



